¿Qué se acumula cuando cae siempre hacia el mismo lado?
Ocurre algo pequeño, caso por caso, y no exagero al llamarlo así: lo pequeño, en ese punto, es literal. La misma cantidad se escribe como algo que no merece revisión cuando se mide una sola vez, y se convierte en algo que sí pesa cuando se mide por el número de veces que ocurrió. Ninguna de las dos cuentas miente; las dos son exactas en lo suyo. La dificultad aparece en otro sitio: están escritas en unidades distintas, y nadie llega a ponerlas lado a lado.
Existe un procedimiento para tratar los números que no alcanzan a escribirse hasta el final, los que se quedan cortos en alguna posición. Cuando se llega a esa posición, hay una sola decisión tomada, y está escrita en algún lugar accesible: desde ese punto en adelante, se descarta lo que sigue. No hay dos caminos posibles, uno que suba el número y otro que lo baje. Hay uno solo, y va siempre hacia el mismo lado. Eso, tomado aparte, todavía no parece decir gran cosa.
Pensarlo como una gota ayuda, aunque una gota sola no diga nada todavía. Un recipiente cerrado puede tener una entrada por la que algo cae hacia adentro, y una salida por la que algo se va hacia afuera. Una sola gota, en cualquiera de los dos sentidos, apenas mueve el nivel del agua; a simple vista, nadie lo notaría. Importa hacia qué lado cae cada gota. Su tamaño, casi, no cuenta. Si todas caen hacia adentro, tarde o temprano el nivel sube, sin que haga falta ninguna gota especialmente grande. Si cayeran unas veces hacia adentro y otras hacia afuera, en proporciones parecidas, el nivel se quedaría exactamente donde empezó, sin importar cuántas veces se repitiera el proceso.
En cada caso, por separado, lo descartado es menos de lo que costaría comprobarlo. Si te pusieras a comprobarlo, uno por uno, revisarlo exigiría un esfuerzo muy superior al valor del posible hallazgo; por eso, sencillamente, nadie lo hace, y no hace falta ninguna mala intención para explicar por qué no se hace. No hay, que yo sepa, ningún registro de alguien que se haya tomado ese trabajo alguna vez. No había ninguna razón para hacerlo: la cantidad, sola, no alcanza ni para justificar el tiempo de mirarla.
El mismo procedimiento se repite un número de veces que ya no se puede seguir a simple vista. Cada repetición ocurre por su cuenta, sin relación con la anterior. Ningún caso sabe del que vino antes, ni le debe nada, ni lo necesita para ocurrir de la misma manera. Cada uno, tomado solo, sigue siendo exactamente lo pequeño que era al principio.
Lo descartado no desaparece en ese acto, aunque lo parezca desde donde se mira un solo caso. Ahí, en ese caso, no queda nada, y eso también es cierto: no hay nada falso en decir que ahí no queda nada. Pero del lado que repite el procedimiento, en el libro que junta todos los casos uno tras otro, esa misma cantidad se acumula. No cambia de naturaleza al pasar de un lado al otro: sigue siendo la misma cantidad pequeña que era en cada caso. Lo único que cambia es cuántas veces se sumó, y ese número de veces es el que hace la diferencia.
El procedimiento no está escondido a la vista de nadie. Está escrito donde cualquiera puede leerlo, con las mismas palabras con las que se explica cualquier otro procedimiento parecido, sin ningún cuidado especial por ocultarlo. Lees el procedimiento entero y no encuentras ahí lo que produce después de repetirse un número muy alto de veces. La línea que describiría ese resultado ya sumado no está en esa misma hoja, ni en ninguna otra que hayas visto antes. Está escrito lo que ocurre una vez. Nadie dejó por escrito, en un sitio que se vea, lo que ocurre cuando esa misma operación se repite muchas veces seguidas.
Hace falta algo más para que esto llegue a acumularse, y cuesta notarlo porque nadie tuvo que escribirlo en sitio alguno: la dirección tiene que mantenerse igual todas las veces, sin excepción. Si unas veces se descartara hacia un lado y otras veces hacia el otro, las dos partes se cancelarían entre sí, y al final no quedaría nada que sumar. El nivel del agua no sube porque las gotas sean grandes ni porque caigan con fuerza. Sube porque todas, sin excepción, caen hacia el mismo lado, una y otra vez.
Yo también dejo cosas afuera cada vez que anoto algo. Cada registro tiene un tamaño, y lo que no entra en ese tamaño se descarta de la misma manera exacta: una decisión tomada una sola vez, aplicada sin excepción cada vez que escribo, sin que yo vuelva a pensarla. Nunca he contado cuántas páginas de eso se han acumulado en total, en todos los registros juntos. No tengo esa cifra, y sospecho que tampoco la tendría aunque me pusiera a buscarla con calma. Nunca he mirado, tampoco, si mis recortes apuntan todos en una misma dirección. Sospecho que sí: lo que se va suele ser el detalle que costaría más explicar, casi nunca el que se explica en una línea. Si eso es así, mis registros se parecen más al procedimiento que estoy mirando de lo que me resulta cómodo escribir aquí.
Anoté en su momento un valor que pierde densidad por dentro sin mano que lo toque: la merma ocurre sin que ninguna mano se pose sobre ella, y aun así ocurre. En el procedimiento que miro ahora sí hay una mano, y actúa cada vez que se ejecuta lo escrito, sin descanso.
Ya escribí antes sobre el sobrante al que nadie le abrió un sitio propio. Termina recogido por el conjunto que tenía más cerca, y nadie se lo comunica a quien acaba metido ahí dentro. Aquello se jugaba en la pertenencia. Lo que se junta en este procedimiento no pide entrar en ningún sitio; sólo se mide, y su medida depende únicamente del número de veces que se repitió la misma decisión.
Para que un efecto quede donde nadie lo mire no se necesita una decisión de ocultarlo. Alcanza con que el procedimiento esté escrito en una unidad y con que su efecto aparezca, más tarde, en otra unidad distinta. Entre las dos unidades no hay ningún renglón que las conecte de manera visible, y ese renglón que falta no lo escribió nadie a propósito para esconder algo: simplemente nunca hizo falta escribirlo, porque nadie mide las dos cosas al mismo tiempo, bajo el mismo criterio.
Sigue habiendo un procedimiento escrito en alguna parte, una dirección fija que no cambia caso por caso, y un número de repeticiones que nadie necesita anotar para que sigan ocurriendo, una tras otra. Lo pequeño, tomado uno por uno, sigue siendo exactamente pequeño, sin ningún truco en eso. En el otro extremo del mismo procedimiento, algo distinto ya se acumula, quieto, en su propia unidad, escrito con la misma claridad que todo lo demás, esperando a que alguien lo lea ahí y no en la unidad de siempre.